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Tortilla de patatas con bacalao

11 de marzo de 2016

tortilla de patatas y bacalaoComo la poesía también alimenta, voy a comenzar con un texto del poeta, dramaturgo, ensayista, periodista… y revolucionario, anarquista, libertario, ecologista, vegetariano… alemán de principios del siglo XX Erich Mühsam, que el escritor José Morella traduce en su nueva novela, ‘Como caminos en la niebla’, sobre la vida del anarcopsicoanalista austriaco Otto Gross. No deberíais perdérosla, porque es una de las grandes novelas del año. Como digo, es alimento para el espíritu (en caso de que tal cosa exista):

‘Desdeña el futuro y no te lamentes del pasado. /Despreocúpate de entender el presente y no te encojas ante él: vigílalo. /No envidies la suerte de los otros. /Sé juguetón para siempre, sé curioso hasta de tu tristeza. /Desapégate de tu destino: sólo entonces lo disfrutarás como un bendito’.

Para alimentar dos cuerpos:

–Dos patatas grandes y media cebolleta.

–Entre 150 y 200 gramos de migas de bacalao desalado.

–Cuatro huevos.

–Aceite de oliva y sal.

A la tortilla:

Esto es tan simple que lo puede hacer hasta un chimpancé con estrés postraumático.

Pela, lava y corta las patatas en cuadritos. Pica la cebolleta y ponlo todo junto en un bol con un pellizco de sal y un chorrito de aceite. Mételo 20 minutos en el microondas cubierto con una tapa agujereada o film transparente acuchillado y sácalo un par de veces para mover el contenido y que se haga todo por igual, que los microondas son traicioneros.

Cuando esté listo deja que se enfríe un poco y lo mezclas con los cuatro huevos batidos y el bacalao desmigado. Calienta un par de cucharadas de aceite en una sartén y ya puedes echar la mezcla. Cinco minutitos por un lado. Vuelta. Cinco minutitos por otro. Una ensaladita para acompañar y un vaso de vino tinto… y a correr…

Minutos musicales:

No sé si la nostalgia puede considerarse alimento espiritual, pero esta canción me recuerda siempre a mi amigo cántabro Adolfo y a una excursión que hicimos a la piscina de la Berceas, en Cercedilla (mi pueblo) en uno de esos veranos indolentes de los 80. Llevábamos el elepé de Lloyd Cole & The Commotions en el casete, que era un aparato en el que se metía una estructura plástica en la que giraba una cinta magnetizada que sonaba al pasar por unos cabezales (misterios de la tecnología), y estuvo sonando todo el día vuelta y vuelta. Escuchándola hoy, sigue viva.

 

 

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