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Croquetas de chocos

21 de noviembre de 2013

croquetas de chocos 1

Ya os conté que este verano estuve haciendo una ruta en coche por el Sur del Sur, de Almería hasta Cádiz picando aquí y allá (aquí dejé mi versión de la porra antequerana). Aproveché el viaje para hacer una visita a mi amigo Davidín, buen mod y mejor persona, que estaba en Tarifa pasando unas vacaciones en la casa familiar. Salimos a tomar unas birras y a probar las especialidades locales y me quedé con las ortiguillas fritas y con las croquetas de chocos. Las primeras no las puedo hacer en Ibiza por falta de materia prima, una pena, pero sobre las segundas hice una promesa y lo prometido es deuda…

Ingredientes:

Estas croquetas están hechas con los restos de una sepia en su tinta que ya manufacturé para este bloc y que enlazo, así que empezaremos por hacer la sepia, comérnosla, mojar la salsita con pan, dejar una parte, y al día siguiente… croquetas.

El resto es lo de siempre para unas croquetas:

–Para la bechamel: Una nuez de mantequilla, dos cucharadas de aceite de oliva, harina (a ojo diremos que como un par de vasitos de los de vino) y leche (también a ojo como tres cuartos de litro). Un sobrecito de tinta si fuera necesario.

-Para el rebozado: Más harina, un par de huevos y pan rallado

-Aceite de oliva para freír la cosa.

croquetas de chocos 2

Receta:

Las croquetas son el plato de aprovechamiento por excelencia, cualquier resto que circule por nuestra nevera puede acabar sus días rebozado y frito. Así que sacamos el resto de la sepia en su tinta del día anterior y picamos finos los trozos. Reservamos.

Por otra parte, echamos en la olla la nuez de mantequilla y las dos cucharadas de aceite. Mezclamos bien y calentamos. Cuando empiece a burbujear añadimos la harina, doramos un poquito y enseguida empezamos a verter la leche a chorro fino mientras batimos con alegría con las varillas. Vamos cocinando, dando vueltas y echando leche hasta que queda una crema suave y comenzamos a cocer la bechamel. Esto no tiene un tiempo fijo, es hasta que la masa se encalle. A media cocción, una media hora o más, según hayamos dejado la masa de líquida, añadimos la sepia en su tinta. Si queda muy gris echamos un sobrecito de tinta, que mola más que quede bien negra.

Probamos de sal, rectificamos si fuera necesario y seguimos dando vueltas hasta que la masa quede en su punto. Mi truco, lo he explicado otras veces, es pasar la cuchara de palo de parte a parte por el fondo de la olla. Si logramos ver una raya nítida del fondo, en plan Moisés separando las aguas del Mar Rojo, está lista. Así que la sacamos a una fuente no muy profunda y la dejamos enfriar.

Cuando la masa está fría y flexible comienza la segunda fase de la operación.

Fabricación en cadena: colocamos un plato con harina, otro con huevo y un tercero con pan rallado y nos armamos con dos cucharas y dos tenedores. Cogemos porciones de masa con las cucharas, les damos forma (en este caso redonda como pelotas de golf) y las echamos en la harina. Las rebozamos a mano y las pasamos al huevo. Les damos una vuelta con los tenedores y al pan rallado. Allí otra vez a mano las terminamos de rebozar y las sacamos a un plato.

Cuando ya tengamos todas las croquetas rebozadas pasamos a la tercera fase: Las freímos en aceite de oliva muy caliente y las sacamos a una fuente con papel de cocina para que escurran la grasa sobrante. No hace falta freírlas todas de golpe, podemos guardar unas cuantas rebozadas en la nevera y mañana tendremos otra ración. Si somos gente enrollada podemos llevar una docenita en una fiambrera a mamá, la abuela, novia, colega, etc… y luego nos quieren más.

Eso sí, una vez fritas es mejor comerlas calentitas, que sientan fenomenal, y las podemos acompañar con una cucharadita de all i oli, como hacen los gaditanos, que son los que entienden de esto.

Otras recetas de croquetas en Comidiario, por si alguien se queda con las ganas: flop.

Minutos musicales:

Como la cosa se ha puesto gaditana me he acordado de mis queridos Hermanos Dalton, que todavía andan por ahí dando guerra cuando pueden. Uno de los conciertos más divertidos de mi vida fue uno suyo en Madrid. No recuerdo el año ni la sala, aunque supongo que es cuando presentaron ‘Ya están aquí’ o ‘Nada suena igual’, a principios de los 90. De lo que sí me acuerdo es que salimos sudados y felices. ‘Los latidos de siempre’ es una de mis canciones favoritas y me gustó mucho esta versión acústica que hicieron en el concierto para editar el DVD ‘Sin moverte del sillón’, que grabaron en el teatro de su ciudad natal, San Fernando.

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