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Las sopas a la sartén de mi madre

23 de julio de 2012

Hay pocas cosas que se mantengan tan arraigadas en nuestra memoria como los sabores de la infancia. La memoria gustativa es una mala pasada y es muy difícil calibrar si unas lentejas están mejor o peor si no saben como las que nos hacía nuestra madre. Y no solo eso. No hay nada que nos devuelva más emociones del pasado como las judías pintas con oreja, los calamares en su tinta, los macarrones con chorizo, el cocido madrileño o las croquetas con sus restos de pollo y morcillo del día siguiente si saben, huelen o tienen el mismo aspecto que las de casa.

Mi padre tenía una especial debilidad por las migas con torreznos y chorizo (que ya aparecieron de refilón en una entrada anterior) que preparaba mi madre y que en casa se han llamado siempre sopas a la sartén. Cuando éramos pequeños mi madre hacía una sartén de sopas los sábados o los domingos para que desayunara mi padre, pero en cuanto nos llegaba el olorcillo todos cogíamos una cuchara y nos poníamos alrededor de la mesa a esperarlas. A mi padre le hacía gracia nuestra actitud ávida, pero por si acaso marcaba con la cuchara una parte de las migas para asegurarse su ración.

Esta semana he aprovechado unas cortas vacaciones en el pueblo para pedir a mi madre que me las haga y fusilarle la receta, así que las manos que aparecen en las fotos no son esta vez las mías, sino las suyas, las de Encarna. Todos vosotros seréis los portadores del secreto. Son muy sencillas y muy baratas.

Ingredientes:

– Media barra de pan del día anterior.

– Un puñadito de torreznos y tres o cuatro rodajas de chorizo de freír de pueblo.

– Un diente de ajo.

– Pimentón y agua caliente con sal.

Receta:

Cortamos el pan en rodajas sin importarnos que se rompan un poco y lo reservamos. Ponemos agua con sal a calentar. Picamos los torreznos y el chorizo no muy finos y los rehogamos con un diente de ajo pelado y entero. Cuando los torreznos erstán crujientes bajamos el fuego, añadimos una cucharada de pimentón y le damos unas vueltas para que no se nos queme.

Enseguida echamos el pan cortado y lo movemos con la cuchara para que absorba bien los sabores. Sofreímos un poco y echamos unos dos vasos de agua caliente con sal, sin que llegue a cubrir. Dejamos que cueza dándole una vueltecita de vez en cuando hasta que el agua casi se haya consumido y las migas empiecen a agarrarse al fondo. Entonces retiramos la sartén del fuego y la metemos en el horno solo con el grill a 200 grados, unos 15 minutos, hasta que estén doraditas. Las sacamos y las comemos en la misma sartén acompañados de nuestros amigos o familiares. Está permitido asegurarse la ración marcando un campo con la cuchara, como con el arroz a banda, pero ojo, sin pasarse.

Como esto es un trocito de memoria familiar la música de acompañamiento tendrá que ser la que se escuchaba entonces en mi casa: América, Fleetwood Mac, Led Zeppellin, Pink Floyd… algo así:

o así:

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