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Cuatro crónicas de Guy Delisle

12 de junio de 2012
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Tras haber disfrutado hace ya unos cuantos años de ‘Pyongyang’ y ‘Shenzen’ (las cito por este orden porque es en el que se publicaron en España en 2005 y 2006) me tomé unas largas vacaciones de Guy Delisle. A pesar de todo. A pesar de que son dos libros que he releído en diferentes ocasiones. A pesar de que los he regalado varias veces también. Cuando el dibujante canadiense publicó hace ya cuatro años sus ‘Crónicas Birmanas’, su tercera ¿novela gráfica de viaje? ¿reportaje gráfico de destino? no me atreví a leerlas. Me dio miedo a sentirme defraudado. En parte por algunas críticas que hablaban de un Delisle más maduro, justo en un momento en el que me había entregado a mi segunda adolescencia.

Pero cuando se publicó su cuarto reportaje gráfico, ‘Crónicas de Jerusalén’, el año pasado, no veía el momento de que saliera en España para tenerlo en mis manos, por supuesto con una absoluta confianza en el buen gusto de la editorial Astiberri.

Así que en cuanto fueron editadas en castellano pedí las ‘Crónicas de Jerusalén’ y también las ‘Crónicas Birmanas’, porque sentí que había que leerlas por este orden.

Lo hecho, hecho está y si no leí las aventuras del canadiense en Birmania en ‘su momento’ quizá fuera porque ‘su momento’ para mí era este. Ya sabía que no me iba a defraudar.

Si en ‘Pyongyang’ y ‘Shenzen’ conocimos a un dibujante abandonado por el azar en dos ciudades ajenas y herméticas, que va rompiendo poco a poco el muro de la soledad para comunicarse con el entorno, muchas veces sin conseguirlo. En las crónicas birmanas y de Jerusalén es otro Delisle. El joven que nos contaba sus experiencias no siempre agradables con la comida y que se aislaba escuchando a todo volumen en sus auriculares a Daft Punk y a los Aphex Twins, es ahora un padre de familia que nos explica la realidad mientras empuja el carrito de su hijo por las calles de Rangún y de Jerusalén.

La mirada, sin embargo, es la misma: ácida, crítica y llena de humor y de ternura. Una mirada inteligente de historiador, de periodista y casi de entomólogo. Sus dibujos también han evolucionado, aunque sin apartarse de esa deliciosa sencillez descriptiva.

Las comparaciones son odiosas y a veces inevitables: Si en su ‘Palestina’, Joe Sacco da una visión del conflicto de Oriente Medio desde el lado palestino y haciendo una exposición militante, de trinchera, Delisle opta en ‘Crónicas de Jerusalén’ por una visión más amplia, en la que están presentes todos los intereses y credos en una realidad asfixiada en los matices. Aún así, el autor hace una crítica, desde el realismo social y el costumbrismo, casi berlanguiano, de la feroz represión israelí, igual que en su momento la hizo de los regímenes norcoreano y birmano. Para ello utiliza los contactos de la cadena de expatriados de ONG y así tenemos la posibilidad de conocer el interior y la labor de Médicos Sin Fronteras, la organización en la que trabaja Nadége, su pareja, de una forma diferente e interesante.

Delisle vuelve con otra obra imprescindible, la cuarta de una serie única.

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